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http://hdl.handle.net/11531/110112| Título : | «Tú eres Cristo, el Hijo de Dios». Resonancias de Nicea I para nuestra confesión de fe |
| Autor : | Sueiro Expósito, Samuel |
| Fecha de publicación : | 1-may-2025 |
| Resumen : | El evangelio según san Mateo pone en labios de Pedro, portavoz de los Doce, la confesión de fe “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,16b). Más que un episodio aislado, se trata de una convicción arraigada en la fe de los discípulos y atestiguada en la multiforme variedad de los escritos del Nuevo Testamento.
Samuel Sueiro, cmf
Con todo, lo más significativo es que a esa confesión ha llevado un hecho antes que una idea: los discípulos fueron testigos de la singular personalidad de Jesús, de quien manaba una autoridad que permeaba su enseñanza, su libertad, su llamada a seguirlo, su poder sanador, su enfrentamiento al mal hasta sus últimas consecuencias… Para quienes estuvieron con Él compartiendo fraternidad, Dios se hizo más transparente que nunca: su persona, su presencia, su revelación, su entrega y, sobre todo, su misterio pascual manifestaban una reciprocidad única entre Jesús y Dios cuya categoría más apropiada para expresarla fue la de ser “Hijo”. Con el devenir de los siglos, en el concilio de Nicea I (325), esta ontología bíblica encontró su traducción en la categoría metafísica griega de “consustancialidad” de Jesús con Dios, tratando de precisar con terminología filosófica lo que los evangelios expresan al narrar los hechos y comportamientos de Jesús en relación con Dios1. he Gospel according to Saint Matthew places on the lips of Peter, spokesman for the Twelve, the confession of faith: “You are the Messiah, the Son of the living God” (Mt 16:16b). More than an isolated episode, this is a conviction rooted in the faith of the disciples and attested to in the multifaceted variety of the writings of the New Testament. Samuel Sueiro, CMF Nevertheless, what is most significant is that this confession was prompted by a fact rather than an idea: the disciples witnessed the unique personality of Jesus, from whom emanated an authority that permeated his teaching, his freedom, his call to follow him, his healing power, and his confrontation with evil to its ultimate consequences. For those who were with him and shared in his fraternity, God became more transparent than ever before: his person, his presence, his revelation, his self-giving and, above all, his paschal mystery revealed a unique reciprocity between Jesus and God, for which the most appropriate category of expression was that of being “Son.” Over the course of the centuries, at the First Council of Nicaea (325), this biblical ontology found its translation in the Greek metaphysical category of Jesus’ “consubstantiality” with God, seeking to express in philosophical terminology what the Gospels convey by narrating the deeds and actions of Jesus in relation to God. |
| Descripción : | Artículos en revistas |
| URI : | http://hdl.handle.net/11531/110112 |
| ISSN : | 0211-9749 |
| Aparece en las colecciones: | Artículos |
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